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Catequesis del Papa sobre San Pedro

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Catequesis del Papa sobre San Pedro

Mensaje  raulalonso el Mar 17 Mayo - 16:43


Catequesis del Papa, Parte 8 - Pedro, el pescador







Queridos hermanos y hermanas:

En la nueva serie de catequesis ante
todo hemos tratado de comprender mejor qué es la Iglesia, cuál es la
idea del Señor sobre su nueva familia. Luego hemos dicho que la Iglesia
existe en las personas. Y hemos visto que el Señor ha encomendado esta
nueva realidad, la Iglesia, a los doce Apóstoles. Ahora queremos verlos
uno a uno, para comprender en las personas qué es vivir la Iglesia, qué
es seguir a Jesús. Comenzamos por San Pedro.


Depués de Jesús, Pedro es el
personaje más conocido y citado en los escritos neotestamentarios: es
mencionado 154 veces con el sobrenombre de Petros, "piedra", "roca", que
es traducción griega del nombre arameo que le dio directamente Jesús:
Kefa, atestiguando nueve veces sobre todo en las cartas de San Pablo.
Hay que añadir el frecuente nombre Simón (75 veces), que es una
adaptación griega de su nombre hebreo original Simeón (dos veces Hch 15,
14; 2 Pe 1, 1).


Simón,
hijo de Juan (Jn 1, 42) o en la forma aramea, bar-Jona, hijo de Jonás
(Mt 16, 17), era de Betsaida (Jn 1, 44), una localidad situada al este
del mar de Galilea, de la que procedía también Felipe y naturalmente
Andrés, hermano de Simón. Al hablar se le notaba el acento galileo.
También él, como su hermano, era pescador: con la familia de Zebedeo,
padre de Santiago y Juan, dirigía una pequeña empresa de pesca en el
lago de Genesaret (Lc 5, 10).


Por eso, debía de gozar de
cierto bienestar económico y estaba animado por un sincero interés
religioso, por un deseo de Dios -anhelaba que Dios interviniera en el
mundo- un deseo que lo impulsó a dirigirse, juntamente con su hermano,
hasta Judea para seguir la predicación de Juan el bautista (Jn 1,
35-42).


Era un judio creyente y
observante, que confiaba en la presencia activa de Dios en la historia
de su pueblo, y le entristecía no ver su acción poderosa en las
vicisitudes de las que era testigo en ese momento. Estaba casado y su
suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaúm, en la
casa en que también Simón se alojaba cuando estaba en esa ciudad (Mt 8,
14s; Mc 1, 29s; Lc 4, 48s). Excavaciones arqueológicas recientes han
permitido descubrir, bajo el piso de mosaico octagonal de una pequeña
iglesia bizantina, vestigios de una iglesia más antigua construida sobre
esa casa, como atestiguan las inscripciones con invocaciones a Pedro.


Los evangelios nos informan de
que Pedro es uno de los primeros cuatro discípulos del Nazareno (Lc 5,
1-11), a los que se añade un quinto, según la costumbre de todo Rabino
de tener cinco discípulos (Lc 5, 27: llamada de Leví). Cuando Jesús pasa
de cinco discípulos a doce (Lc 9, 1-6) pone de relieve la novedad de su
misión: él no es un rabino como los demás, sino que ha venido para
reunir al Israel escatológico, simbolizado por el número doce, como el
de las tribus de Israel.


Como nos muestran los
evangelios, Simón tiene un carácter decidido e impulsivo; está dispuesto
a imponer sus razones incluso con la fuerza (por ejemplo cuando usa la
espada en el huerto de los Olivos: Jn 18, 10 s). Al mismo tiempo, a
veces es ingenuo y miedoso, pero honrado, hasta el arrepentimiento más
sincero (mt 26, 75).


Los evangelios permiten seguir
paso a paso su itinerario espiritual. El punto de partida es la llamada
que le hace Jesús. Acontece en un día cualquiera, mientras Pedro está
dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del
lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo. El número de
oyentes implica un problema práctico. El Maestro ve dos barcas varadas
en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes. Él entonces
pide permiso para subir a la barca de Simón y le ruega que la aleje un
poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada se pone a enseñar a
la muchedumbre desde la barca (Lc 5, 1-3). Así, la barca de Pedro se
convierte en la cátedra de Jesús. Cuando acaba de hablar, dice a Simón:
"Rema mar adentro, y echen sus redes para pescar". Simón responde:
"Maestro hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada;
pero, en tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 4-5).


Jesús era carpintero, no experto
en pesca, y a pesar de ello Simón el pescador se fía de este rabino,
que no le da respuestas sino que lo invita a fiarse de él. Ante la pesca
milagrosa reacciona con asombro y temor: "Aléjate de mí, Señor, que soy
un hombre pecador" (Lc 5, Cool. Jesús responde invitándolo a la confianza
y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas: "No temas.
Desde ahora serás pescador de hombres" (Lc 5, 10).


Pedro no podía imaginar entonces
que un día llegaría a Roma y sería aquí "pescador de hombres" para el
Señor. Acepta esa llamada sorprendente a dejarse implicar en esta gran
aventura. Es generoso, reconoce sus limitaciones, pero cree en el que lo
llama y sigue el sueño de su corazon. Dice sí, un sí valiente y
generoso, y se convierte en discípulo de Jesús.


Pedro vivió otro momento
significativo en su camino espiritual cerca de Cesarea de Filipo, cuando
Jesús planteó a sus discípulos una pregunta precisa: "¿Quién dicen los
hombres que soy yo?" (Mc 8, 27). Pero a Jesús no le basta la respuesta
de lo que habían oído decir. De quien ha aceptado comprometerse
personalmente con él quiere una toma de posición personal. Por eso
insiste: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" (Mc 8, 29). Es Pedro
quien contesta en nombre de los demás: "Tú eres el Cristo" (Mc 8, 29),
es decir, el Mesías. Esta respuesta de Pedro, que no provenía "ni de la
carne ni de la sangre", es decir, de él, sino que se la había donado el
Padre que está en los cielos (Mt 16, 17), encierra en sí como en germen
la futura confesión de fe de la Iglesia.


Con todo, Pedro no había
entendido aún el contenido profundo de la misión mesiánica de Jesús, el
nuevo sentido de la palabra Mesías. Lo demuestra poco después, dando a
entender que el Mesías que buscaba en sus sueños es muy diferente del
verdadero proyecto de Dios. Ante el anuncio de la pasión se escandaliza y
protesta, provocando la dura reacción de Jesús (Mc 8, 32-33)


Pedro quiere un Mesías "hombre
divino", que realice las expectativas de la gente imponiendo a todos su
poder. También nosotros deseamos que el Señor imponga su poder y
transforme inmediatamente el mundo. Jesús se presenta como el "Dios
humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la
muchedumbre siguiendo el camino de la humildad y el sufrimiento. Es la
gran alternativa, que también nosotros debemos aprender siempre de
nuevo: privilegiar nuestras expectativas, rechazando a Jesús, o acoger a
Jesús en la verdad de su misión y renunciar a nuestras expectativas
demasiado humanas.


Pedro, impulsivo como era, no
duda en tomar aparte a Jesús y reprenderlo. La respuesta de Jesús echa
por tierra todas sus falsas expectativas, a la vez que lo invita a
convertirse y a seguirlo. "Ponte detrás de mí, Satanás, porque tus
pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres" (Mc 8, 33). No
me señaes tú el camino; yo tomo mi camino y tú debes ponerte detrás de
mí.


Pedro aprende así lo que
significa en realidad seguir a Jesús. Es su segunda llamada, análoga a
la de Abraham en Gn 22, después de la de Gn 12: " Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque quien
quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y
por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 34-35). Es la ley exigente del
seguimiento: hay que saber renunciar, si es necesario, al mundo entero
para salvar los verdaderos valores, para salvar el alma, para salvar la
presencia de Dios en el mundo (Mc 8, 36-37). Aunque le cuesta, Pedro
acoge la invitación y prosigue su camino tras las huellas del Maestro.


Me parece que estas diversas
conversiones de San Pedro y toda su figura constituyen un gran consuelo y
una gran enseñanza para nosotros. También nosotros tenemos deseo de
Dios, también nosotros queremos ser generosos, pero también nosotros
esperamos que Dios actúe con fuerza en el mundo transforme
inmediatamente el mundo según nuestras ideas, según las necesidades que
vemos nosotros. Dios elige otro camino. Dios elige el camino de la
transformación de los corazones con el sufrimiento y la humildad. Y
nosotros, como Pedro, debemos convertirnos siempre de nuevo. Debemos
seguir a Jesús y no ponernos por delante. Es él quien nos muestra el
camino. Así, Pedro nos dice: tú piensas que tienes la receta y que debes
transformar el cristianismo, pero es el Señor quien conoce el camino.
Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti: sígueme. Y debemos
tener la valentía y la humildad de seguir a Jesús, porque él es el
camino, la verdad y la vida.
L'Osservatore Romano n. 20
Catequesis del Papa del 17 de mayo de 2006

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"Dios mio, yo creo, adoro, espero y te amo! te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman!"
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raulalonso
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