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María: Arca de la Alianza

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María: Arca de la Alianza

Mensaje  jawien el Dom 15 Abr - 17:50

María: Arca de la Alianza


En los largos siglos antes de Cristo, Dios había buscado medios para estar presente en medio de su pueblo. Presente, no sólo de modo simbólico e imaginario, sino de modo real y verdadero. En efecto, tenerlo presente así era una de las ansias más profundas de la humanidad, desde que en el Paraíso, El había paseado y platicado con los hombres “en la brisa de la tarde”.

Para este propósito mandó Dios a Moisés ensamblar una Carpa o Morada, como una especie de Templo ambulante, para albergar en él a un objeto santísimo: el Arca ¿Qué era esta Arca? Era una especie de caja de madera, cubierta con una tapa. Tenía varales o andas para llevarla en hombros. Encima del Arca había dos querubines de oro sobre cuyas alas extendidas residía el mismo Dios en forma de una densa Nube.

El Arca por tanto era como un “trono portátil”de la Majestad divina en el cual Dios como Rey de Israel era trasladado a todos los lugares donde se requería su presencia y asistencia especiales: en las marchas del pueblo por el desierto (Num. 9: 15-23), en los campos de batallas (I Sam. 4: 1-11), en procesiones religiosas (Salmo 132), en el Santuario central (I Rey, 8:1-13), etc.

Pues bien esta idea del Arca de la Alianza la tuvo en mente San Lucas cuando en su Evangelio se puso a describirnos el episodio de la Visitación de María a Isabel (Lc. 1:39-45). Pues esta descripción la moldeó según el modelo de unos de los acontecimientos históricos del Arca en el Antiguo Testamento. Pues narra la Escritura que en cierta ocasión el rey David quería trasladar el Arca en solemne procesión, mientras exclamó: ¿”Cómo es que venga a mí el Arca del Señor?”(II Sam.6:9).

Estas palabras encuentran un eco casi literal en la exclamación de Isabel cuando María está entrando en su casa: :¿Cómo es que venga a mí la Madre de mi Señor?”(Lc. 1:43). Una tal coincidencia no es producto del azar: donde inspira el Espíritu de Dios nada se debe al azar, sino todo deriva de la Sabiduría de Dios que nos quiere revelar sus misterios. Por tanto, en este caso también: Isabel se sirve de estas palabras de David para expresar que María es la nueva Arca de la alianza sobre la cual reside como en su “trono portátil”el mismo Dios de Israel. Luego mientras María es el Arca, su hijo es Dios.

Este paralelo entre María y el Arca explica también por qué San Lucas nos dice que “María permaneció en casa de Isabel por unos tres meses”(Lc.1-56). Aparentemente un detalle trivial y de poca importancia. Pero no te equivoques. Pues en la misma historia de David y el Arca se dice que el rey al interrumpir la procesión, había depositado provisionalmente el Arca en una casa cercana. Y continúa la Escritura” Ël Arca del Señor estuvo en casa de Obededom por tres meses, y el señor bendijo a Obededom y a toda su casa” (II Sam. 6:11). Luego muy a propósito nos ha guardado Lucas este detalle aparentemente trivial de los “tres meses”de estancia de María en casa de Isabel: pues mediante este detalle quiere enfatizar aún más el paralelo entre María y el Arca cual trono portátil de Dios mismo.

Aquí descubrimos, por tanto uno de los fundamentos biblícos para la verdadera devoción mariana. Es un elemento bien importante. Pues al pintarnos a María como el Arca, San Lucas nos propone necesariamente (aunque de modo implícito) a su Hijo como el propio Señor Dios que en el Antiguo Testamento había residido sobre esa Arca de madera. Esto implica, pues por parte del evangelista una clara conciencia de la divinidad de Jesús. Proponiéndonos a María como Arca, enseña que su Hijo no es un mero ser humano, sino Dios mismo. Y al mismo tiempo indica la elección y dignidad de María como “Trono del Dios Altísimo”: la Majestad Divina que en el Antiguo Testamento había residido sobre querubines de oro cuyas alas extendidas ahora bajo el corazon humilde y puro de la Virgen Nazarena cuya älma engrandece para siempre al Señor”(Lc. 1:46).

Luego, no en balde la invocamos en nuestras Letanías como al “Trono de la Sabidiría”y como al Ärca de la Alianza”. Esta invocación “Ärca de la Alianza” adquiere un matiz tadavía más rico, si tomamos en cuenta que dentro de esa Arca del Viejo Testamento solía conservarse una urna que contenía el “maná”del desierto. Es decir, el pan Milagroso que Dios había mandado desde el cielo a los Israelitas en el desierto, para alimentarlos hasta que llegasen a la tierra Prometida (Ex.16;Hebr.9:4).

Ahora bien aplicado esto a María como “Arca”, vemos que Ella como en una vasija de oro encierra el “maná”celestial: Jesucristo. Pues Jesús es el “Pan de Dios”que ha bajado del cielo para dar la vida al mundo entero”(Jn. 6:33). Por eso, de ella ha nacido la Carne y la Sangre que, quien las come, tendrá vida eterna y será resucitado en el ultimo día”. (Jn.6:53).
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