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Adan y Eva existieron?

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Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 16:35

Hermanos en el grupo de Facebook se desato una polemica con un hermano catolico quien defendia el hecho de que hubiera mas parejas creadas que Adan y Eva, esto basado en paleontologia, hechos que asegura son cientificos y donde se concluye que hubo tres parejas. Y menciona que esa parte del Genesis son "mitos".

Abro el siguiente tema para que podamos platicar de ese tema

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Hola

Mensaje  Romano el Lun 12 Sep - 17:10

raulalonso escribió:Hermanos en el grupo de Facebook se desato una polemica con un hermano catolico quien defendia el hecho de que hubiera mas parejas creadas que Adan y Eva, esto basado en paleontologia, hechos que asegura son cientificos y donde se concluye que hubo tres parejas. Y menciona que esa parte del Genesis son "mitos".

Abro el siguiente tema para que podamos platicar de ese tema

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Romano
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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 17:14

Adelante hermano, podrias elaborar tus bases?

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Objecion

Mensaje  Romano el Lun 12 Sep - 17:19

En primer termino, la ignorancia en muchos creyentes me obliga a pensar que no estan del todo informados de la razon de nuetra fe, que consiste en demostrar la mejor manera de vivir segun el plan salvitico de Dios.
Mi LLamado a conciencia se debe a muchos altercados que he visto referente al tema, donde las partes muchas veces se negan a ondar en teorias cientificas para evitar que mas y mas veces la fe se muestre infantil. (Motivo)
_Si la ciencia descubrio más de una pareja originaria, con pruebas de ADN, ¿Como es que la religión del saber clasico-descurbimiento no adjunta a sus presupuestos adultos una mejor explicación del tema en una sociedad post-catolica y cientifista? Gracias afro

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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 17:29

Lo que es opinable es opinable, lo que veo con preocupación es que estas propagando una falsedad, ya que defendiendo la ciencia como TU la ves, caes en la negación de un dogma de fe. Creo es solo ignorancia del dogma y de la explicación de la Iglesia.

Aquí no entra a jugar en nada las opiniones personales (al menos en cuestión de los dogmas). Para todo católico es muy recomendable leer lo que doce la Iglesia magisterialmente para no caer en herejía al negar esa Verdad revelada de manera pertinaz.

Como te dije en Facebook.

Dezinguer D-228a Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos con el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fué creado de la tierra y la otra de la costilla del varón [Gen. 2, 7 y 22].

Y esta mas

Errores de Zanino de Solcia (3) [Condenados en la Carta Cum sicut, de 14 de noviembre de 1459]
D-717c (3) Dios creó otro mundo distinto, a éste y en. su tiempo existieron muchos otros hombres y mujeres y, por consiguiente, Adán no fué el primer
hombre

Y ahora la Encíclica Humani Generis, del Venerable Pío XII, Papa:

30. Mas, cuando ya se trata de la otra hipótesis, es a saber, la del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, porque los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio. (Cf. Rom. 5, 12-19; Conc. Trid. ses. 5, can. 1-4.) El el Papa Pablo VI dirigió a un simposio de teólogos y científicos: "Es evidente que os parecerán irreconciliables con la genuina doctrina católica las explicaciones que dan del pecado original algunos autores modernos, los cuales, partiendo del supuesto, que no ha sido demostrado, del poligenismo, niegan, más o menos claramente, que el pecado, de donde se deriva tal sentina de males a la humanidad, haya sido ante todo la desobediencia de Adán 'primer hombre', figura del futuro, cometido al comienzo de la historia" (AAS 58, 1966, pág. 654).

El dogma de fe es: El pecado original. Por tanto si tu crees en la teoria del poligenismo, me gustaria saber como puedes compaginarla con ese dogma

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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 17:37

Las palabras de Pablo VI en el simposio acerca del poligenismo:

«Es evidente que os parecerán inconciliables con la doctrina católica genuina las explicaciones que del pecado original dan algunos autores modernos, los cuales, partiendo del presupuesto, que no ha sido demostrado, del poligenismo, niegan más o menos claramente, que el pecado, de donde se ha derivado tan gran lluvia de males para la humanidad, fuera la desobediencia de Adán "primer hombre" figura del futuro (Gaudium et Spes n. 22; Cf. también n.13) cometida al comienzo de la historia. Por consiguiente, estas explicaciones no están de acuerdo con la enseñanza de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, según la cual el pecado del primer hombre fue transmitido a todos sus descendientes, no por vía de imitación, sino de propagación, "reside en cada uno como propio", y es "muerte del alma", es decir, privación y no simple carencia de santidad y justicia, incluso en los niños apenas nacidos (Cf. Conc. Trid. ses. V can. 2-3)».

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OBJECION 2

Mensaje  Romano el Lun 12 Sep - 18:01

afro Aquí no entra a jugar en nada las opiniones personales??? Mala forma de inventar un dogma jejeje..
Has oido hablar de Sesgo cognitivo?? Aun no entiendo como es que no puedo usar teorias comprobables de fosciles encontrados en la tierra, me lo explicas mejor, ¿7 dias literales por ejemplo?

Romano
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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 18:46

Romano escribió: afro Aquí no entra a jugar en nada las opiniones personales??? Mala forma de inventar un dogma jejeje..
Has oido hablar de Sesgo cognitivo?? Aun no entiendo como es que no puedo usar teorias comprobables de fosciles encontrados en la tierra, me lo explicas mejor, ¿7 dias literales por ejemplo?

Oye, es dogma que Dios hizo al mundo en 7 dias? Quien ha dicho que no puedes usar teorias de fosiles encontrados en la tierra? me lo explicas?

Te digo que tu problema es de ignorancia, pero no te lo digo por ofenderte, sino en reconocimiento de tu falta de estudios sobre la Fe.

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???

Mensaje  Romano el Lun 12 Sep - 19:05

Basketball entendiste mijjita, asi me respondieron lee bien por favor, pense que esto era mas serio..

Romano
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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 19:09

Romano escribió: Basketball entendiste mijjita, asi me respondieron lee bien por favor, pense que esto era mas serio..

De que hablas? Quien es "mijita" Quien te respondio que? Quien no es serio?

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Tema

Mensaje  Romano el Lun 12 Sep - 21:33

Basketball Tenemos el caso del Diseño Inteligente, prueba de que los argumentos de fe son caducos hoy por hoy, pues este no es tema de fe sino de razon..

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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Lun 12 Sep - 22:21

Romano escribió: Basketball Tenemos el caso del Diseño Inteligente, prueba de que los argumentos de fe son caducos hoy por hoy, pues este no es tema de fe sino de razon..

Ese es precisamente tu error, planteas que en TU juicio que se debe de entender por la razón y que por Fe. En este caso, no entiendes los argumentos del debate, y con gusto te ayudo a entenderlos:

1) Se abre el debate basado en el hecho de que aseguras eres católico.
2) El dogma, que es una Verdad revelada que DEBE de ser creída por los católicos.
3) Yo cito el dogma del pecado original, y cuando te pregunto que debes de explicar el poligenismo, simplemente callas.
4) Veo cuestionando el dogma, lo cual si persistes de manera pertinaz caes en herejía formal.

Tus intentos de debate solo son palos de ciego ya que no tienen absolutamente nada que ver con lo que cree un católico, esto es intentar evadir el tema del dogma del pecado original usando conceptos como prejuicios, y también usando falacias de muñeco de paja, como eso de no poder usar "fósiles" y ahora sacas mas distractores.

No evadas el tema, si eres agnóstico o ateo este NO es tu foro.

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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  ignaciodeantioquia el Mar 13 Sep - 19:29

Romano escribió: Basketball Tenemos el caso del Diseño Inteligente, prueba de que los argumentos de fe son caducos hoy por hoy, pues este no es tema de fe sino de razon..

Ni siquiera Richard Dawkins con todo su ateísmo ha podido probar que Dios no existe. Ahora no sé qué tiene que ver Adán y Eva con el diseño inteligente.
La fe y la razón son dos alas que llevan a la verdad, si tienes una sola ala tendrás una caída segura.
Y como dice el moderador de esre sub-foro, no es para ateos o agnósticos.

Saludos,

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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  raulalonso el Mar 13 Sep - 20:27

Ahora no sé qué tiene que ver Adán y Eva con el diseño inteligente.

Pues se oye rete inteligente Very Happy Very Happy

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La revelación del misterio escondido desde antes de la creación del mundo -

Mensaje  juanchodedios el Mar 13 Sep - 21:00

Pongamos atención en las palabras que Jesús dirige a su Padre hablando de nosotros: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos.(Lc 10,21) En efecto, Dios Padre nos ha revelado el misterio, escondido desde antes de la creación en el silencio de Dios, el misterio del Hijo único, hecho hombre, el misterio conocido desde antes de la creación del mundo y revelado en la plenitud del tiempo. San Pablo dice, en efecto: “A mí, el más insignificante de todos los creyentes, se me ha concedido este don de anunciar a las naciones la insondable riqueza de Cristo, y de mostrar a todos cómo se cumple este misterioso plan, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todas las cosas.” (Ef 3, 8-9)




Este gran e insondable misterio de Nuestro Señor quedaba escondido en la mente del Padre desde antes de la creación del mundo. Con todo, nosotros hemos sido conocidos desde antes de la creación y predestinados a ser hijos adoptivos en el Hijo. San Pablo nos lo enseña cuando escribe: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales. El nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Llevado de su amor, él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo.” (Ef 1,3-5) El Padre nos ha revelado, pues, a nosotros los pequeños, el misterio callado y escondido de todos los tiempos....”A vosotros, os es dado conocer los misterios del reino de los cielos,” (Lc 8,10), a vosotros que habéis creído, que habéis conocido la revelación de Cristo, que entendéis la Ley en su sentido espiritual, que sois aptos para comprender las profecías, que confesáis que Cristo es Dios e Hijo de Dios, vosotros a quien Dios en su beneplácito ha revelado el misterio de su Hijo.

San Cirilo de Alejandría (380-444) obispo y doctor de la Iglesia Católica
Homilía 65 sobre el evangelio de Lucas



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Edén. (Del hebr. ‘ēden, delicia).1. m. Paraíso terrenal, morada del primer hombre antes de su desobediencia.



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Concordancia del Génesis con la ciencia moderna



Adán Eva y el hombre prehistórico

Por Mariano Delgado
Doctor en Biología y en Teología.

INDICE:

Introducción

1. Las bases del Magisterio
2. El Universo en la narración Bíblica
3. Parecidos y diferencias del relato del Génesis con los mitos de los pueblos vecinos
4. El significado de los primeros capítulos del Génesis
5. Adán y Eva y sus hijos
6. Historia y prehistoria.. Los datos fósiles
7. Los datos de la biología molecular
8. Cuándo apareció Adán

INTRODUCCIÓN

He podido comprobar, en los años que llevo en la docencia, que los alumnos adolescentes se plantean muchas dudas sobre cómo compaginar lo que aprenden en las clases de Religión sobre la Creación, y lo que les explican en Ciencias Naturales, sobre todo en lo que se refiere al origen y prehistoria del hombre.

A pesar de que la solución a estos problemas ha sido clarificada hace ya mucho tiempo por el Magisterio de la Iglesia, que es quien interpreta auténticamente las Sagradas Escrituras, sus enseñanzas no han llegado al gran público, y los alumnos no encuentran respuestas claras de sus padres o profesores.

Por mi condición de biólogo y por haber estudiado en mi doctorado en Teología las relaciones entre ciencia y fe, con frecuencia me preguntan sobre estos temas profesores y alumnos. Son habituales preguntas como las siguientes: "Es verdad lo que dice el Génesis?", "De dónde salieron nuestros Primeros Padres?", "Cómo es posible que Caín fuera agricultor y Abel ganadero, si durante mucho tiempo el hombre prehistórico no conoció ni la agricultura ni la ganadería?"...

Muchas veces me han pedido también bibliografía pero, aunque hay mucha, no conozco ninguna publicación donde se encuentren respuestas a todas éstas preguntas reunidas y explicadas al alcance de todos.
Por eso me he decidido a escribir este folleto, dirigido principalmente a padres y educadores, que intenta aclarar lo esencial y, después, un libro para los que quieran profundizar más en aspectos propiamente científicos y filosóficos, y en algunas consecuencias teológicas.





1. LAS BASES DEL MAGISTERIO

Los últimos papas han hablado con frecuencia sobre el significado de los primeros capítulos del Génesis, pero el documento fundamental, donde se resuelve la cuestión que nos ocupa -el origen del hombre-, es la Carta Encíclica de Pío XII Humani Géneris (12 de agosto de 1950). En ella hay dos proposiciones fundamentales en los números 29 y 30.

En el número 29 se lee: "(...) El magisterio de la Iglesia no prohíbe que -según el estado actual de las ciencias y de la teología- en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes en ambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente -pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios (...)".

El número 30 aborda la doctrina cristiana del monogenismo: "(...) los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un sólo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio".

En resumen:

1. En el origen del hombre, el cuerpo humano no tiene que haber sido creado inmediatamente por Dios pero sí su alma -al igual que ocurre en el momento de la concepción de cualquier hombre-.

2. Toda la humanidad procede de un sólo hombre -"protoparente"-, que en la Sagrada Escritura se llama Adán, y esta verdad se desprende directamente de la doctrina de la Iglesia sobre el Pecado Original, cometido personalmente por un hombre y heredado por todos sus descendientes.

Salta, pues, a la vista que la Iglesia no interpreta la narración del Génesis en sentido literal, sino que, basándose en el conjunto de la Revelación y en la autoridad dada por Dios al Magisterio, extrae las verdades que Dios nos ha querido dar a conocer a través de la narración del autor sagrado.

Llegados a este punto, es interesante detenerse a considerar en su conjunto el relato de la Creación, para clarificar el significado perenne que subyace en su primitivo género literario.

2. EL UNIVERSO EN LA NARRACION BIBLICA

El autor sagrado nos narra la Creación de un mundo tal como se concebía en aquella época: de acuerdo con la "ciencia" del momento.

Su concepción se puede resumir del siguiente modo: el universo está formado por una cúpula resistente y firme -firmamento-, apoyado en grandes montañas que se encuentran en los confines de la tierra -los "fundamentos"-. Toda la tierra está rodeada por "las aguas", el firmamento hace que haya tierra seca, separa las "aguas superiores" de las "aguas inferiores"; éstas últimas afloran a la tierra en los mares y ríos.

El sol, la luna y las estrellas son seres móviles -más perfectos, para su mentalidad, que las plantas que carecen de movimiento-. La lluvia caía cuando se abrían unas compuertas situadas en el firmamento, dando así entrada a las aguas superiores.

Esta visión, por supuesto, no era sólo la del Pueblo de Israel, sino la de todas las culturas relacionadas con él: ejipcios, babilonios, cananeos, fenicios, etc.

Hoy en día, aunque el avance de la ciencia nos haya dado otra visión del universo, podemos entender, conociendo la mentalidad del escritor, las verdades esenciales que se nos enseñan en el relato del Génesis; narradas en un estilo literario y con una visión del mundo necesarios para que también las comprendieran los hombres de aquellas épocas.

Hay que tener en cuenta que esta forma de interpretación es ya muy antigua, si bien sólo se ha generalizado en los dos últimos siglos. Al fin y al cabo, para la salvación del hombre, es accidental que el firmamento esté constituido por una rígida cúpula o por millones de estrellas y galaxias.

Para ver, pues, qué es lo esencial nos fijaremos primero en las diferencias existentes entre la concepción del Pueblo Elegido, inspirada por Dios, y las de sus pueblos vecinos.




3. PARECIDOS Y DIFERENCIAS DEL RELATO DEL GENESIS CON LOS MITOS DE LOS PUEBLOS VECINOS.

Hay una cuestión que sorprende a los historiadores: la concepción del mundo y de la creación es similar en todos los mitos pertenecientes a las culturas que rodeaban al Pueblo de Israel. Sus relatos tienen muchas coincidencias, en la forma, con el del Génesis; podemos decir que convienen en la "materialidad del relato", pero se diferencian en las cuestiones religiosas fundamentales. La concepción de Israel es mucho más profunda y original a pesar de ser culturalmente menos avanzado, por ser un pueblo más reciente.

En los otros relatos se habla siempre de un caos preexistente a todo, donde va formándose el primer dios, del cual derivan los otros dioses o semidioses (el sol, la luna, la tierra, los elementos, las estrellas, etc.), dioses que tienen limitaciones, no son todopoderosos, tienen que luchar para vencer. En cambio en el Antiguo Testamento se nos muestra un Dios que existe antes que todo, un Dios personal, que crea libremente el mundo, un mundo distinto de El y que antes no existía, que no es una emanación suya.

El verbo "crear" -en hebreo "bará"- es utilizado en la Biblia como una acción exclusivamente divina: "sacar algo de la nada", noción que no existe en las culturas vecinas: "A esta noción -creación de la nada-, no había llegado nadie, ni siquiera la sabiduría griega precristiana. Y continúa siendo un misterio incluso para la cultura de nuestros días".

Una vez creado por Dios, el mundo comienza siendo un caos, pero el orden no va saliendo del propio caos, como en los mitos vecinos, sino que es el mismo Dios, personal y transcendente, el que lo va ordenando con la fuerza de su palabra.

En los relatos míticos va apareciendo un inestable orden, como resultado de las victorias de unos dioses sobre otros. El Dios del pueblo hebreo es Todopoderoso, nada se le puede enfrentar porque todo ha sido hecho por El: no existe ninguna fuerza que se oponga a Dios, o que Dios tenga que vencer.

Llegados a este punto, estamos ya en condiciones de abordar el mensaje esencial y permanente que se nos transmite en el relato del Génesis.

4. EL SIGNIFICADO DE LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL GENESIS.

Como ya hemos visto, lo primero que se nos enseña es la existencia de un Dios personal y transcendente, por el que han sido creadas todas las cosas distintas de El. Después se van desmantelando, una a una, las ideas de las culturas paganas, que siempre han tendido a divinizar o "sobrenaturalizar" lo que no pueden entender o dominar.

Como dice el Cardenal J. Ratzinger: "De manera que la Escritura no pretende contarnos cómo progresivamente se fueron originando las diferentes plantas, ni cómo se formaron el sol, la luna y las estrellas, sino que en último extremo quiere decirnos sólo una cosa: Dios ha creado el Universo. El mundo no es, como creían los hombres de aquel tiempo, un laberinto de fuerzas contrapuestas ni la morada de poderes demoníacos, de los que el hombre debe protegerse. El sol y la luna no son divinidades que lo dominan, ni el cielo, superior a nosotros, está habitado por misteriosas y contrapuestas divinidades, sino que todo esto procede únicamente de una fuerza, de la Razón eterna de Dios que en la palabra se ha transformado en fuerza creadora"; es decir, en pocas palabras se desarticula toda creencia en la divinidad de las criaturas y de la creación.

Desde esta perspectiva, repetidamente propuesta por el Magisterio -y que incluso se encuentra en la misma Sagrada Escritura-, lo que nos enseña el Génesis es que Dios ha hecho la creación según un plan ordenado, que se va desarrollando a lo largo del tiempo. Este sucederse ordenado de las cosas, previsto y sostenido por Dios, es lo que se llama en Teología "Providencia ordinaria".

El "primer día" comienza después de la aparición de la luz: "Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas, y llamó a la luz día y a las tinieblas noche. Hubo así tarde y mañana: Día primero". En los sucesivos "días", o períodos de tiempo, van apareciendo ordenadamente los diversos seres, de menor a mayor perfección. Llama la atención que este orden de aparición concuerda, esencialmente, con lo que sabemos hoy por las observaciones científicas -a diferencia de otros relatos de la época que son en este punto bastante aleatorios-, salvo en el caso de las plantas, que aparecen antes que el sol, la luna y las estrellas,lo que se explica, como ya habíamos apuntado, por la idea de que las plantas debían de ser más imperfectas ya que carecían de movimiento.

Esta coincidencia es una muestra de la capacidad de conocimiento sapiencial del autor sagrado, que intuye el orden real de la creación contemplándola, sin necesidad de tener datos científicos, algo que, quizá, el hombre moderno ha perdido la costumbre de hacer.

En el "día" quinto aparecen los seres vivos en el agua, y en el "día" sexto aparecen los animales terrestres y, con una especial solemnidad, el hombre; mostrándose así también como obra de Dios, tales como son, con la diferenciación de sexos y la fecundidad, que eran objeto de adoración en muchos pueblos.




5. ADAN, EVA Y SUS HIJOS.

Hay que tener en cuenta que "en la Biblia se ofrece una visión de conjunto de la historia del Universo y del hombre desde su origen hasta su final, en una perspectiva religiosa y transcendente. Dentro de esta visión de conjunto, la parte histórica de la Biblia que podemos relacionar con la historia de los pueblos, y de la que los autores sagrados tuvieron noticia de una u otra forma, abarca desde la época patriarcal (hacia 1800 a.C.) hasta las primeras comunidades cristianas (finales del s.I d.C.). En la Biblia queda recogida desde el capítulo 11 del libro del Génesis hasta el 3 del Apocalipsis. Lo anterior y lo posterior a estos capítulos, aún conteniendo verdades fundamentales de orden histórico, como la creación y el final del mundo, escapa a la comprobación científica, histórica o arqueológica. Se trata de acontecimientos cuya explicación no puede desvincularse de una actitud religiosa: aceptación de fe o rechazo gratuito".




El hombre es creado por Dios para ser su representante en la tierra, y para llevarla a la perfección mediante su trabajo.

Adán y Eva son puestos por Dios en el Paraíso, en una situación de dicha sobrenatural que no se merecen. Dios no crea al hombre para servirse de él, sino para hacerle partícipe de su propia felicidad por pura Gracia. Esto se manifiesta, entre otras cosas, en la posesión de algunos dones no pertenecientes a la naturaleza material, como el de la inmortalidad. Existe aquí una clara diferencia con los relatos míticos. Dos ejemplos: en la "Leyenda de Asciela" -Mesopotamia (Mito de Atraharis)- un dios vencedor forma al hombre con arcilla amasada con sangre de un dios vencido, para que le sirva; y en el poema de Gilgamés es el propio hombre el que intenta conseguir la inmortalidad pero, cuando está a punto de conseguirla, le es robada por "la serpiente".

Para que el hombre se merezca esos dones Dios le somete a una prueba mediante un mandato, lo cual se nos transmite en el Génesis con la imagen de la prohibición de comer del "árbol de la ciencia del bien y del mal". Pero el hombre, engañado por el demonio, lo incumple y comete el primer pecado; se nos enseña así el hecho histórico del pecado original. Aquí está el origen del mal en el mundo: el mal no tiene entidad en sí mismo, es una falta de un bien debido; el mal existe, pero no viene de Dios.

El relato de Caín y Abel (Gen. 4,1-15), y los que le siguen, nos quieren mostrar cómo el mal se va extendiendo en el mundo, consecuencia de la herencia del pecado de nuestros primeros Padres; sus descendientes no consiguen dirigirse hacia el bien sin la ayuda de Dios. En este sentido, Caín y Abel son una imagen de todos los descendientes de la primera pareja.

Que Caín sea agricultor -sedentario- y Abel ganadero recoge, según muchos estudiosos, una advertencia al pueblo de Israel, que era nómada -ganadero- hasta que se asentó en la tierra prometida; trata de subrayar la necesidad de no dejarse influir por la superior cultura de los pueblos cananeos, para no caer en su politeísmo. Era éste un peligro constante para el pueblo hebreo, en el que, de hecho, cayó en numerosas ocasiones.

Vemos pues que no existe el problema del vacío histórico entre la época en que vivieron Adán y Eva -hace, al menos, 100.000 años- y la aparición de la agricultura y la ganadería en épocas muy posteriores.




6. HISTORIA Y PREHISTORIA. LOS DATOS FOSILES.

Como todo el mundo sabe, los animales actuales que están más próximos al hombre son el chimpancé y el gorila; su parecido biológico, como veremos en el siguiente capítulo es realmente sorprendente.

Sin embargo, sabemos por la paleontología que hubo en otros tiempos seres aún más parecidos. Sus fósiles, después de muchos años de estudios y comparaciones, han sido agrupados por los expertos en cuatro grupos: Australopitecos, Homo habilis, Homo erectus y Homo sapiens. Aunque durante muchos años se especuló sobre si habrían ido adoptando la postura erguida paulatinamente -por eso sólo al tercero de ellos se le denominó erectus-, hoy se sabe que ya los primeros australopitecos estaban exclusivamente adaptados al andar bípedo.

Los australopitecos aparecieron hace unos cinco millones de años, y sus restos más recientes son de hace algo más de un millón de años. Todos los fósiles que pertenecen con seguridad a australopitecos se han encontrado en un sólo continente: Africa.

Los australopitecos son unos homínidos de pequeña estatura, su talla media era de 1 m. 20 cm.

Su capacidad craneal era superior a la de cualquier animal de la actualidad, excepto el hombre. Su cerebro tenía un volumen de unos 500 cc., similar a la del actual gorila, pero éste es cinco veces más corpulento. El tamaño del cerebro de los australopitecos no sufrió variaciones apreciables en sus casi cuatro millones de años de existencia.

Hace más de dos millones y medio de años aparece, también en Africa, el H. hábilis. Sus últimos restos datan de algo más de un millón de años.

Según parece se extendió por parte del continente asiático, ya que hay restos en la isla de Java que se atribuyen a esta especie. En aquella época, y hasta tiempo después de la aparición del H. sapiens, esta isla, junto con otras cercanas como Borneo y Sumatra, se encontraban unidas al continente.

Desde hace poco más de dos millones de años el H. hábilis consigue desarrollar una industria lítica -"Olduvaiense"-, gracias a la adquisición de una capacidad a la que ningún ser vivo había llegado hasta ese momento: la habilidad de utilizar instrumentos secundarios. Sus instrumentos son toscos y van mejorando lentamente a lo largo de cientos de miles de años sin sufrir ningún salto cualitativo.

Su capacidad craneal va creciendo con el tiempo desde 500 hasta una media de 700 cc.

El H. erectus aparece en Africa hace más de un millón y medio de años. Después se extiende por algunos lugares de Asia -se encuentran restos en Java y China- y de Europa. Vivió hasta hace unos cien mil años.

Hereda la industria lítica de H. hábilis. Esta permanece en algunos lugares hasta hace 350.000 años. En otros aparecen la industria "abebillense" (700.000-390.000) y la "achelense" (400.000-120.000). Todas éstas se van perfeccionando con el tiempo pero, según parece, sólo con la industria "achelense" se produce un salto cualitativo. Vemos, pues, que durante casi un millón de años, la mayor parte de su existencia, no consiguió mejorar la industria lítica heredada del H. hábilis.

Su capacidad craneal crece, también, desde 700 a unos 1400 cc.

El H. sapiens es nuestra propia especie. Según los recientes estudios moleculares tiene una antigüedad de algo más de 100.000 años. Hay acuerdo en esto entre genetistas y biólogos moleculares. Los paleontólogos se han ido adhiriendo poco a poco a los datos de la biología molecular, pero aún hay bastantes que mantienen un origen más alejado en el tiempo. La capacidad craneal media es de 1450 cc. y no ha sufrido variaciones apreciables con el tiempo. El hombre de Neandertal, que según la mayoría de los expertos actuales era simplemente una raza de H. sapiens, parece que tenía una media algo superior: unos 1500 cc.

Desde su aparición mejora las industrias líticas anteriores, dando lugar a saltos cualitativos de forma cada vez más rápida: "Musteriense" -desde hace algo más de 100.000 años hasta unos 45.000-, "Chatelperroniense" -45.000-, "Auriñaciense" -35.000-, "Gravetiense" -28.000-, "Solutrense" -22.000-, "Magdaleniense" -13.000-; después vienen la "Mesolítica" y la "Neolítica", la "Edad del bronce", la "Edad del hierro", etc.

Es el primero que entierra a los muertos, los más antiguos enterramientos encontrados son de hace 80.000 años. También es el primero que hace arte; los primeros objetos u obras de este tipo que poseemos datan de hace unos 35.000 años. Hace más de 8.000 años inventó la agricultura y, antes, había aprendido a domesticar animales.

De estos cuatro grupos, se considera que el de los australopitecos constituye un género del que existieron varias especies; de la primera de ellas procedería el H. hábilis, que sería la primera especie de un nuevo género: el género Homo; por tanto esta especie y las dos siguientes se encuadran como tres especies distintas pertenecientes a un mismo género.

Aunque esta diferenciación específica no se puede basar más que en la morfología de los fósiles, los expertos, después de los primeros años de estudios se han mostrado unánimes, y sus conclusiones han sido apoyadas posteriormente por datos genéticos, como veremos más adelante.

Lo que diferencia al ser humano de los demás animales es el pensamiento, algo que los filósofos denominan con frecuencia "capacidad de abstracción" o inteligencia, y los científicos "inteligencia reflexiva". Se habla, a veces, de la inteligencia de los animales, pero es evidente que hay una diferencia cualitativa entre las dos.

Hoy todo el mundo está de acuerdo en que los australopitecos no poseían esta capacidad, es decir, no eran seres humanos. Sobre las tres especies de Homo aún no hay unanimidad sobre cual fue la primera que poseyó inteligencia reflexiva, pero, según van apareciendo nuevos datos, cada vez hay más científicos que se inclinan a pensar que "ser humano" se identifica con "H. sapiens". Aunque para nuestro propósito esto no es fundamental, profundizaremos algo más en este aspecto, porque es interesante y puede clarificar algunas ideas.

La mayoría de las civilizaciones y de los hombres han considerado que nos diferenciamos de los animales en algo inmaterial o, más concretamente, espiritual; es lo que llamamos alma. La fe nos ratifica esta verdad, a la que han llegado la mayoría de los filósofos.

Sólo con contemplar la realidad podemos llegar a la conclusión de que nuestra inteligencia no es consecuencia del gran tamaño de nuestro cerebro, sino una capacidad espiritual, pero el hombre es una unidad de alma y cuerpo, y necesitamos ese órgano tan complejo para poder manifestar esa inteligencia, análogamente a como el cerebro, por sí sólo tampoco puede hacer nada, necesita, entre otras muchas cosas, las imágenes que le vienen a través de los sentidos.

La mayor o menor capacidad cerebral, en los animales, lo que aporta es una mayor o menor capacidad de aprendizaje, una mejor adaptación a la realidad circundante, pero no su contemplación. Un chimpancé, por ejemplo, necesita mucho tiempo para aprender, mediante el mecanismo ensayo-error, a dar la forma más adecuada a una rama para "pescar" termitas; el hombre puede prediseñar, idear, una herramienta sin necesidad de haberla usado nunca e, incluso, si él mismo no la va a usar, porque puede abstraer de la realidad: puede tener la realidad en su mente. El hombre también usa el método ensayo-error, por ejemplo, para perfeccionar un avión, pero para hacer un avión ha tenido que pensar, y ha necesitado una cultura, que es la herencia de lo que otros hombres han pensado antes. En efecto, el hombre no sólo produce técnicas, sino, además, cultura; sólo el hombre tiene cultura, que es un fruto del pensamiento.

El hombre supera la evolución material gracias a su evolución cultural, que le permite adaptarse a todos los medios sin necesidad de cambios materiales en su cuerpo.

La mayor o menor capacidad cerebral sólo produce, en los animales, una mayor capacidad de aprendizaje, que les permite añadir sus experiencias a las pautas de comportamiento meramente instintivas; estas últimas están ya "programadas" en sus genes antes de nacer. Sin embargo el pensamiento es una capacidad que no puede ser producto de la materia, ya que es inmaterial: nos capacita para poseer inmaterialmente, en nuestra mente, objetos que captan nuestros sentidos y que son procesados en nuestro cerebro, y para llegar, por abstracción, a cosas inmateriales como, por ejemplo, el concepto de número, relacionado con la multiplicidad de seres materiales, pero desvinculado -abstraído- de su propia materialidad.

En el transcurso de su evolución, H. hábilis y H. erectus no muestran capacidades artísticas. El hecho de el progresivo crecimiento de su tamaño cerebral se puede explicar por su necesidad de adaptarse a medios distintos, sobre todo mediante una mayor capacidad de aprendizaje. No consiguen dar más que un salto en cada una de sus industrias líticas, lo que podría significar que son capacidades del ser material de esa especie, que no cambia sustancialmente mientras no hay cambio de especie. En cambio, en el ser humano, las capacidades culturales no son tanto de la especie como de la persona, del individuo: una obra humana, la más simple, no se atribuye al hombre en general, lleva la firma de un hombre concreto, que se puede identificar, lo que no ocurre con los demás animales. Esto es así porque el ser humano está por encima de su materia, cada ser humano es como un universo, no un simple componente del universo o de su especie.

En conclusión, podemos pensar que el primer ser humano es el H. sapiens, ya que a pesar de mantener su tamaño cerebral estable, produce continuos saltos en sus industrias, como ya hemos visto, quizá estas industrias correspondan, por primera vez, a unas culturas, que muy pronto forman sociedades en las que se da culto a los muertos, después producen la ganadería y la agricultura, y el arte. Esto sólo se puede explicar por la aparición de una inteligencia inmaterial, que ya no necesita un aumento del tamaño cerebral, porque con el pensamiento se puede adaptar a cualquier medio, superando la capacidad de un mero aprendizaje psíquico. De hecho el H. sapiens es la única especie que se ha adaptado a todos los medios, y los ha conseguido dominar, y en mucho menos tiempo del que sus predecesores necesitaron para adaptarse a unos pocos medios, separados geográficamente pero bastante similares entre sí.

Algunos piensan que H. hábilis y H. erectus ya eran inteligentes por esa capacidad nueva de usar instrumentos secundarios, pero lo mismo se pensaba de los australopitecos hasta el descubrimiento de que los chimpancés tienen unas capacidades similares a ellos; la posibilidad de usar instrumentos secundarios se podría atribuir simplemente a un tamaño cerebral que nunca antes se había alcanzado, y que proporciona una mayor capacidad de aprendizaje. Además, en los últimos años, ha habido investigadores que han conseguido enseñar a chimpancés a usar este tipo de instrumentos, aunque parece claro que no pueden aprender por sí sólos. También se ha especulado mucho sobre la complejidad de las técnicas necesarias para hacer, por ejemplo, hachas de piedra como las que hacía el H. erectus, pero en actuales fabricantes de hachas de piedra se ha visto que lo hacen con asombrosa facilidad: las consiguen con unos pocos golpes dados con precisión a unas determinadas piedras, extrayendo así su núcleo, que es similar a los instrumentos paleolíticos más avanzados, después siguen un proceso, ya complejo, para conseguir mejorarlos hasta obtener un resultado que sólo fue conseguido tardíamente por el H. sapiens. De hecho, los partidarios de que el H. erectus o el H. hábilis poseían inteligencia reflexiva, han buscado en ellos manifestaciones artísticas y enterramientos -que sí son pruebas definitivas-, pero no se han encontrado.




7. LOS DATOS DE LA BIOLOGIA MOLECULAR.

Todo lo que esencialmente es un ser vivo está contenido en sus genes y en la forma en que están ordenados en la cadena de ADN y en los cromosomas. Estos tres conceptos son muy importantes para entender éste capítulo, los explicaremos mediante un ejemplo. El ADN es una larga molécula que podemos comparar con una cinta magnetofónica. Esta cinta tiene algunas partes grabadas, con cierta información, y otras que no lo están. Las partes grabadas son los genes, que entre todos dirigen el conjunto de las funciones materiales necesarias en un ser vivo de una determinada especie.

A su vez, las distintas cadenas de ADN, cuando la célula se va a dividir, se condensan en estructuras más manejables, los cromosomas, que equivalen, en nuestro ejemplo, al cassette que contiene la cinta. Toda la información está en la cinta, pero es totalmente distinto tener la cinta desparramada que ordenada dentro del cassette; sin un determinado orden no podemos extraer la información aunque de hecho esté ahí.

Hay una regla de la citogenética que supone que a cada especie corresponde un número fijo de cromosomas -tiene muy pocas excepciones-. Por ejemplo, el número cromosómico de la especie humana es de 46, y de 48 en el chimpancé, gorila y orangután, aunque existen algunas diferencias intracromosómicas.

Las cadenas de ADN se duplican para dar lugar a nuevas células, algunas de las cuales producirán la descendencia. En esta duplicación puede haber errores en la copia de un gen, como puede haber fallos en una grabación, es lo que se llama mutación génica. Estas mutaciones pueden no suponer ningún cambio, pero otras veces se produce una variación en el funcionamiento de ese gen. Esta es la causa de muchas enfermedades de origen genético, como la diabetes, la hemofilia, el cáncer, etc.

Cuantas más veces se divide una célula o más generaciones pasan, más mutaciones se van acumulando.

Debido a esto se sabe, desde hace ya más de dos lustros, que comparando ADN de especies distintas podemos saber cuánto tiempo hace que se separaron. Este tipo de experimentos ha dejado clara la realidad de que ha existido una evolución de los seres vivos, apoyando así lo que parecía manifestar el registro fósil y otros datos científicos, lo que no quiere decir que haya una teoría que explique bien el hecho, es más, se han ido por tierra muchas suposiciones de las teorías que intentaban dar una explicación global, como el "neodarwinismo".

El chimpancé y el hombre difieren tan sólo en un 1% de su ADN y de su estructura cromosómica, y sus líneas evolutivas se separaron hace unos cinco millones de años -antes se hablaba de, al menos, quince-, precisamente la época en la que apareció el primer australopiteco. El parecido con el gorila es ligerísimamente inferior, y su separación dataría de hace unos ocho millones de años. Antes de conocer estos datos moleculares no estaba claro si éramos más parecidos al gorila o al chimpancé, pero hoy sabemos que el chimpancé está, biológicamente, mucho más próximo al hombre que al gorila. Sin embargo, por sus capacidades vitales, el chimpancé y el gorila son mucho más parecidos, y el hombre se les escapa por completo. Que el hombre sea biológicamente tan próximo al chimpancé y vitalmente tan superior, debería bastar a cualquier científico para descubrir la evidencia de que semejante diferencia existencial no puede radicar en su materialidad, sino en nuestro ser espiritual.

Comparando el ADN de las razas humanas actuales se desprende que todas confluyen hace alrededor de 100.000 años, lo que significaría que todos los hombres actuales proceden, muy probablemente, exclusivamente de H. sapiens. Parece ser también que todas las lenguas confluyen hacia una lengua ancestral que existió hace unos 100.000 años, según recientes estudios de Johanna Nicols, de la Universidad de California en Berkeley; lo que indicaría que, probablemente, todos los H. sapiens y sólo ellos pueden hablar.

Los resultados de comparación de proteínas, de inmunología, etc., confluyen con los anteriores.

Otro tema distinto es el del mecanismo de formación de especies nuevas -"especiación"-. Antes se pensaba que la forma habitual de especiación tenía lugar debido a barreras geográficas, que impiden el cruce de dos poblaciones de la misma especie durante largos períodos de tiempo, no pudiendo transmitirse sus cambios genéticos, lo que acabaría dando lugar a dos especies distintas. Sin duda ha habido especiaciones de este tipo, pero muchas son difícilmente explicables de esta manera.

Hoy se sabe que también existen "barreras" genéticas. Las más frecuentes son las que producen las mutaciones cromosómicas: una mutación cromosómica puede no significar ningún cambio en los genes, pero, por ejemplo, si en un individuo un cromosoma se ha dividido en dos -mutación cromosómica denominada "disociación"-, sus cromosomas no se pueden aparear con los de los otros animales de la especie de partida y se producirán espermatozoides y óvulos inviables, dando lugar a infertilidad. Ese individuo no se perpetuará en la especie a no ser que se cruce con una pareja que posea la misma mutación, entonces podrían dar lugar a una nueva especie. Es lo que se llama "especiación instantánea".

Puede parecer muy poco probable que esto suceda, pero a lo largo de decenas de miles de años es muy probable que ocurra alguna vez, y de hecho ocurre. Así se pueden producir nuevas especies a partir de una o pocas parejas, y ya hay autores que piensan que éste es el mecanismo más frecuente de especiación.

Un dato a tener en cuenta es que, desde el antecesor común al hombre y al chimpancé, que como hemos visto existió hace unos cinco millones de años, ha habido, en la línea evolutiva que conduce al hombre, cuatro mutaciones cromosómicas, dato que coincide con las cuatro especies que se han identificado en esta línea: una de australopiteco, H. hábilis, H. erectus y H. sapiens. Esto podría significar que son, efectivamente, especies biológicamente distintas y que todas se originaron por especiación instantánea debido a una mutación cromosómica, aunque todavía es pronto para decirlo.







8. ¿COMO APARECIO ADAN?

Teniendo en cuenta lo que hemos visto en los últimos capítulos, nos inclinamos a pensar que Adán tuvo que ser el primer individuo de la especie H. sapiens aunque, para la cuestión que nos ocupa, daría lo mismo que fuera anterior. En todo caso sería el primer individuo de la primera especie con inteligencia reflexiva, es decir, con alma.

Sabemos por la fe que el alma de cada hombre es inmediatamente creada e infundida por Dios en cada nuevo individuo de la especie humana y, por tanto, en el momento de su concepción.

No es muy lógico pensar, como se ve con frecuencia en un intento de comprensión popular, que Dios infundiera el alma a un "mono". Ya hay muchos teólogos, sin especiales conocimientos científicos, que piensan que Adán tuvo que ser concebido y nacer como tal o, en otras palabras, que fue creado por Dios en estado embrionario. Lo más natural es que haya aparecido como los individuos de muchas nuevas especies: engendrado, con una nueva mutación cromosómica, por un homínido exteriormente parecido a él, pero de una especie distinta. Sus progenitores biológicos no serían propiamente sus padres, ya que este concepto se reserva, en filosofía, para quien engendra algo según su propia especie.

Ese individuo sería el primero con una dotación cromosómica y genética correspondiente a la especie humana y, por tanto, Dios crearía y le infundiría su alma, como hace siempre, aunque con la particularidad de que ésa fue la primera vez, y debió haber una providencia especial de Dios, entre otras cosas, para que también ocurriera con una hembra, la primera mujer: Eva.

Al fin y al cabo, cómo aparecen todos los hombres?: por la unión de dos células sin importancia, que en la mayoría de los casos se pierden antes de unirse sin que esto sea ningún problema, pero su unión produce una nueva célula con dotación genética y cromosómica humana, que aún siendo una sola célula es totipotente -sus genes están programados para desarrollar un organismo completo-, y que es, en consecuencia, un nuevo individuo de nuestra especie al que Dios infunde un alma creada en ese mismo instante.

Aunque esto pudo ocurrir de diversas maneras, vamos a exponer la más sencilla. En un homínido macho existen algunos espermatozoides con una mutación cromosómica que implica que ya no son los propios de su especie, sino que han llegado a tener las características de un espermatozoide humano; en un homínido hembra puede ocurrir lo mismo con algunos de sus óvulos. Si estos dos homínidos se cruzan y se produce la fecundación de un óvulo mutado con un espermatozoide mutado, entonces aparece el primer ser humano, y el primer hecho sobrenatural en el universo material desde su misma Creación: una nueva creación, la del alma del primer hombre.

Esto es lo máximo que podemos decir por ahora pero, aunque lleguen nuevos datos científicos, nunca podremos saber exactamente cómo ocurrió -necesitaríamos una máquina del tiempo-, pero sabemos que ocurrió, a esta conclusión podemos acercarnos por la ciencia; y sabemos por la fe algo que nunca podríamos saber por la ciencia: por qué ocurrió, quién lo planeó y llevó a término, por qué lo hizo, por qué existe el mal y como podemos vencerlo con la ayuda del Creador.

La fe nos enseña lo necesario y lo conveniente para nuestra felicidad y salvación. Por la ciencia sabemos cada vez más cosas que no son necesarias para ese fin, pero que bien entendidas y empleadas nos pueden ayudar a conseguirlo.





juanchodedios
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Eva mitocondrial y Adán cromosoma Y, protagonistas de un debate

Mensaje  juanchodedios el Mar 13 Sep - 21:01

En su intento de desvelar la historia biológica del hombre moderno, la ciencia moderna ha proporcionado en los últimos años diversas clases de pruebas que merecen una especial atención.



Hasta hace dos décadas, y durante más de un siglo, los fósiles han sido los protagonistas indiscutibles en el escenario que trata de reconstruir el pasado evolutivo de la Humanidad. Pero ese cuadro ha cambiado drásticamente, gracias al extraordinario desarrollo de la Biología molecular y de la Genética, y muy especialmente desde que en los años ochenta se hizo posible la secuenciación del ADN de las células. Ahora son los genes, actuales o antiguos, los que reclaman ese protagonismo, pues en ellos se encuentran al parecer las claves de nuestro pasado.

La filogenia molecular ha encontrado una amplia gama de marcadores genéticos que están abriendo, en efecto, nuevas y muy prometedoras perspectivas. Los investigadores tratan de “leer” en los genes la información que explicaría el origen y posterior dispersión de los linajes moleculares de las mujeres –“escritos” en el ADN mitocondrial– y de los hombres –en el cromosoma Y–, así como el ulterior desarrollo de las migraciones humanas que se han venido produciendo desde nuestros orígenes. Con ese telón de fondo, tuvo lugar el pasado mes de abril en el Museo de la Ciencia de Barcelona un simposio en el que se dieron cita algunos de los más destacados expertos en la materia.

Nuestra historia evolutiva, en los genes

En su intento de desvelar la historia biológica del hombre moderno, la ciencia moderna ha proporcionado en los últimos años diversas clases de pruebas que merecen una especial atención. Una de ellas proviene del estudio de los genes contenidos en las mitocondrias (ADN mitocondrial, o ADNmt), que se transmiten sólo por vía materna. La tasa de cambio por mutaciones del ADNmt es bastante más alta que la del ADN del núcleo de las células, ya que las mutaciones no se pierden en las recombinaciones de las copias de los genes que se transmiten a la descendencia. Por esta razón las secuencias de nucleótidos del ADNmt, juntamente con su transmisión uniparental, aportan información muy valiosa para cuantificar la divergencia genética de las poblaciones humanas en función del tiempo.

La reconstrucción de nuestra historia biológica, a partir del análisis de los genes de las poblaciones actuales, se basa en el hecho de que personas distintas tienen versiones distintas de un mismo gen. Seleccionando varios genes en personas de orígenes geográficos distintos y analizando las diferencias genéticas entre ellas, se puede calcular el tiempo transcurrido desde el comienzo del proceso de diferenciación. Y a partir de ese origen es posible también reconstruir la genealogía de la Humanidad.

Si, como parecen indicar los datos genéticos, el origen del hombre moderno aconteció en África, cabe esperar que las poblaciones africanas muestren entre sí una mayor heterogeneidad genética que las poblaciones de otras partes del mundo. Efectivamente, eso es lo que sucede, tal como ya puso de manifiesto el estudio llevado a cabo en 1986 por Cann, Stoneking y Wilson, de la Universidad de California en Berkeley, uno de los grandes hitos en la historia de la Biología evolutiva moderna.

Otra prueba proviene de los estudios multidisciplinares dirigidos durante los últimos años por L. L. Cavalli-Sforza, de la Universidad de Stanford. Gran parte de su trabajo se ha centrado en la correlación que existe –y que es, no cabe duda, sorprendente– entre la distribución de genes y de lenguas en el árbol filogenético de las principales etnias humanas.

África, cuna de la Humanidad

La hipótesis conocida como Eva mitocondrial dio mucho qué hablar a la comunidad científica a finales de los ochenta, tras la publicación del estudio llevado a cabo por el equipo de Wilson. Dicha hipótesis proponía que toda la humanidad desciende de un tipo de mujer que vivió en África hace entre 190.000 y 200.000 años. Esa mujer sería muy pronto conocida como Eva negra. En realidad, se hablaba de una población (un tipo de mitocondrias), y no de un individuo concreto, como a veces parece sugerir la literatura científica.

Los resultados de dicha investigación suscitaron una fuerte polémica desde que la revista Nature los hizo públicos el primer día del año 1987. Basándose en el análisis del ADNmt de 147 personas procedentes de diferentes regiones geográficas, los investigadores buscaban un sistema capaz de "tirar del hilo genético", por así decirlo, hasta llegar a la primera mujer, o sea, hasta la población femenina de Homo sapiens que habría aportado las mitocondrias de todos los humanos actuales. En dicho estudio, se prestaba especial atención a las diferencias genéticas observadas entre los distintos grupos humanos estudiados. Así, los ADNmt de los africanos mostraban entre sí una mayor diversidad genética que la observada en el grupo que incluía al resto de poblaciones analizadas. Esto se interpretó como una clara evidencia de que la población africana era, por lo pronto, la más antigua de todas.

Wilson y sus colaboradores calcularon también el tiempo transcurrido desde el momento en que se supone debió producirse la separación de todas las líneas de ADNmt. Los resultados pronto se convirtieron en una auténtica bomba informativa: el hombre moderno racialmente indiferenciado —se dijo— apareció hace unos 200.000 años y solamente en África. Lo cierto es que desde entonces dicha investigación se ha venido considerando como uno de los más sólidos fundamentos del modelo de dispersión de África (o modelo Arca de Noé), según el cual todos los humanos actuales se remontan a un tronco materno común, de origen africano, en el que convergen todas las líneas de ADNmt.

Cálculos posteriores a los de Wilson, señalan que esa población de mujeres vivió en África hace unos 150.000 años. Esta nueva datación parece ser más concordante con la que se atribuye –a partir del registro fósil– a los Homo sapiens más antiguos. En efecto, los fósiles humanos con rasgos modernos primitivos hallados en Sudáfrica y en África oriental, cuya antigüedad se cifra en unos 120.000 años, suelen ser citados como una evidencia más de la monogénesis africana.

Las mil hijas de Eva

Es bien sabido que casi todos los investigadores de nuestros orígenes comparten posturas decididamente neodarwinistas, es decir, poligenistas: la Humanidad actual descendería, según esta hipótesis, de una población más o menos numerosa de individuos, y no de una pareja inicial, como afirman los defensores del monogenismo. Francisco Ayala (Universidad de California en Irvine) piensa que el número de mujeres de las que supuestamente descendemos los humanos actuales nunca fue inferior a mil, ni superior a cinco mil. En todo caso, esta clase de apreciaciones no pasan de ser suposiciones basadas en cálculos estadísticos y simulaciones por ordenador que quizás tienen poco que ver con lo que realmente ocurrió. De hecho, algunos destacados poligenistas, como el mismo Ayala, admiten la posibilidad de un escenario diferente: “Teóricamente –explica este científico– es posible que una especie descienda de una sola hembra gestante...” (La Vanguardia, 7-V-2001). Y es que la historia de Adán y Eva —el “mito”, suele decirse en círculos poligenistas—, o sea, de la pareja que funda una especie, es hoy posible para la biología. Lo ha sido, en efecto, en otras especies, como lo demuestran las 600 variedades genéticas de moscas drosófilas que viven actualmente en Hawai, descendientes todas ellas de una sola hembra fecundada.

Los autores de los primeros estudios que se realizaron a partir del ADNmt no significan —ni lo pretendían— haber probado científicamente el monogenismo. Resultan por ello un tanto gratuitas algunas afirmaciones, como las que podían leerse en alguno de los periódicos que dieron cobertura al simposio celebrado en Barcelona: “No es cierto —titulaba uno de ellos— que toda la humanidad descienda de una Eva negra que vivió en África hace unos 150.000 años” (La Vanguardia, 7-V-2001). Aparte de otras muchas cosas, hoy sabemos gracias a la genética que la pigmentación de la piel es un suceso biológico muy reciente en nuestra historia evolutiva; en este sentido, resulta del todo irrelevante que esa “Eva” de la que hablan los científicos fuese negra o de otro color. Por otra parte, tampoco se puede afirmar con rotundidad, a partir de los datos actualmente disponibles, que la humanidad no tenga su origen más remoto en una sola mujer.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que, pese a las diversas explicaciones que intentan desvelar los posibles mecanismos de especiación, los científicos siguen buscando respuestas al que, todavía hoy, sigue siendo el problema central de la biología de la evolución: ¿Cómo nace una especie? Cuestión que se torna aún más compleja cuando nos interrogamos acerca de nuestra propia historia evolutiva: ¿Cómo nació la especie humana? Desde el punto de vista científico, no se puede negar a priori, ni tampoco afirmar, que toda la humanidad descienda en su origen más remoto de una única pareja, y que en tiempos más recientes, hace unos 150.000 ó 200.000 años, el suelo africano estuviese ya poblado por varios miles de (Evas mitocondriales) descendientes de esa primera pareja.

En 1995, un equipo de científicos japoneses dirigido por Satoshi Horai, intentó precisar aún más la antigüedad de Eva mitocondrial. Sus resultados, basados también en numerosos análisis del ADNmt, sugieren que esa mujer, o población de mujeres, vivió en África hace 143.000 años. Posteriores estudios realizados por ese mismo equipo, sobre la base de la diversidad genética observada en treinta poblaciones humanas de todo el mundo (incluyendo, entre otras, la africana y la europea), revelan una buena concordancia entre la relación genética y la distribución geográfica de dichas poblaciones. Se observa que la mayor diversidad genética (superior al 2%) se da, en efecto, en las poblaciones africanas, y la menor (en torno al 1%) en las europeas. La población africana, entonces, habría divergido en primer lugar y antes que las demás poblaciones (europeos, asiáticos, etc.), lo que reforzaría adicionalmente la teoría que defiende el origen africano de nuestra especie y la posterior dispersión, desde ese continente, al resto del planeta.





Sobre “hielo” muy fino

La antigüedad de los sucesos evolutivos que intentan datar los científicos a partir del material genético es, sin duda, uno de los objetivos más complicados en esta clase de trabajos. En 1987, Wilson y su equipo calcularon para Eva mitocondrial una edad de entre 190.000 y 200.000 años. Ocho años después, Horai le asigna una antigüedad de 143.000 años. Otros, como Francisco Ayala, hablan actualmente de una “población ancestral” que vivió en África hace entre 100.000 y 200.000 años. Por su parte, Luca Cavalli-Sforza (Universidad de Stanford, California) estima para esa misma población una antigüedad de entre 100.000 y 170.000 años. Andamos, qué duda cabe, sobre un terreno escurridizo, en el que por el momento no existe entre los científicos una postura unánime y compartida.

Las diferencias de calibración temporal en torno a nuestros orígenes siembran, como cabía esperar, algunas dudas acerca de la validez de los métodos y cálculos empleados por los genetistas. Al mismo tiempo, ponen también de relieve algunas de las limitaciones que tienen los investigadores en su trabajo. Por lo pronto, el método del carbono 14 —el más aplicado en fósiles modernos— resulta poco fiable cuando se retrocede en la escala temporal más allá de los 35.000 ó 40.000 años de antigüedad, de modo que los “buscadores” de las huellas de nuestro pasado han de aplicar otros métodos de datación, no tan precisos como los radiométricos. Se ha de tener en cuenta así mismo que en las estimaciones de antigüedad a partir de ADNmt, los genetistas aceptan como intervalo de confianza un error estándar del 20%. Así, la datación de Horai para Eva mitocondrial (143.000 años) abarcaría en realidad un amplio intervalo de tiempo, comprendido entre los 115.000 y los 170.000 años, aproximadamente. En este campo —ha señalado Ayala — “el nivel de incertidumbre, cuando hacemos estimaciones de tiempo, es muy elevado”.

Algunos científicos piensan que las calibraciones de tiempo basadas en los “relojes moleculares” tienen una “fiabilidad”, cuando menos, bastante mediatizada. Los cálculos estadísticos que hacen algunos genetistas se basan, en efecto, en suposiciones que no pasan de ser más que simples conjeturas, como por ejemplo la presunción (que podría ser ficticia) de que la tasa en el ritmo de mutaciones es constante a lo largo del tiempo, cuando, de hecho, se sabe que en muchos casos no lo es.

Las simulaciones por ordenador y los cálculos estadísticos comportan además otra dificultad, y es que no tienen en cuenta las mutaciones que realmente debieron producirse en las distintas poblaciones; esas mutaciones se han de suponer también, con todo el margen de inseguridad que ello conlleva. A ello se refería Francisco Ayala, cuando afirmaba: “lo que hacemos en biología molecular es ficticio; pero es lo mejor que podemos hacer para intentar responder a las preguntas que nos hacemos”. Resultan así razonables las llamadas a la cautela que hacen algunos científicos, quienes reclaman “una mente abierta frente a los progresos de la paleontología, ya que sin ese anclaje –el que proporcionan los fósiles– podríamos estar moviéndonos en aguas muy profundas, o sobre hielo muy fino” .





Adán cromosoma Y

Si el valor de los genes mitocondriales en esta clase de trabajos resulta evidente, por transmitirse intactos y sin mezclas de las madres a su descendencia, otro tanto cabe decir de los que se transmiten —también sin mezcla— de los padres a los hijos (sólo a los varones). Estos genes se encuentran en la sección no recombinante del cromosoma sexual masculino o cromosoma Y. Las investigaciones llevadas a cabo sobre este cromosoma en 1986, ya apuntaban de hecho en la misma dirección que los realizados por el equipo de Wilson (sobre ADNmt) por aquellas mismas fechas.

Más recientemente, un equipo internacional de científicos dirigido por Peter Underhill (Universidad de Stanford) ha estado buscando en ese cromosoma a nuestros antepasados en la línea paterna, es decir, al denominado Adán cromosoma Y, que sería —al menos teóricamente, en términos genéticos— el homólogo de Eva mitocondrial. Con datos procedentes de más de mil hombres oriundos de 22 áreas geográficas diferentes, este equipo ha dibujado un árbol genealógico de la humanidad, llegando a la conclusión de que nuestro ancestro común, o sea, el hombre (o población de hombres) cuyos genes del cromosoma Y aparecen hoy en todos los varones del mundo, vivió también en África. Eso no ha hecho sino confirmar lo que muchos esperaban. Lo realmente sorprendente de ese estudio es que el susodicho ancestro apareció —dicen sus autores— hace tan sólo 59.000 años, o sea, 84.000 años después que Eva mitocondrial. A primera vista, este nuevo dato parece poner en aprietos a los partidarios de un origen monogenista. Y eso es lo que, con un cierto deje de ironía, expresaba la nota informativa que la revista Nature Genomics —tal vez para dar mayor atractivo a la investigación realizada— hizo circular poco antes de la publicación del artículo: “Adán y Eva —decía la nota— quizás no se encontraron”.

Uno de los riesgos derivados del uso en trabajos científicos de nombres tomados de la Biblia (Adán, Eva, Noé, etc.) es el de mezclar las conclusiones científicas con datos que no son, ni pretenden ser, científicos. Simplemente, no procede cotejar datos científicos, con otros que no lo son. Ciertamente, cuando leemos informaciones relacionadas con Eva mitocondrial o con Adán cromosoma Y, resulta difícil no pensar, aunque sólo sea de pasada, en los personajes bíblicos. Pero, llegados a este punto, debería siempre aclararse, para evitar equívocos, que cuando se habla de Adán y Eva en términos genéticos, se alude generalmente a poblaciones, o a los genes detectados en ellas, y no a los personajes de quienes se habla en los primeros capítulos del Génesis. Esas denominaciones son sólo modos de referirse a los troncos comunes en los que, según los datos científicos, parecen converger los linajes humanos masculino y femenino. Desde luego, no pretenden ni de lejos desvelar la edad, o la historia (ni cualquier otro rasgo) de quienes muchos consideran —por razones no precisamente científicas— como los primeros padres de la Humanidad. El dato de Underhill plantea, como ya se apuntó, una contradicción que es no sólo aparente, sino también engañosa.

El hecho de que biológicamente haya explicación o no al monogenismo no es una cuestión especialmente relevante. Lo cierto es que hoy en día se barajan diversas hipótesis biológicamente viables. Una de ellas, basada en recientes investigaciones, habla de una reestructuración cromosómica, debida fundamentalmente al paso de información del cromosoma X al Y, como posible mecanismo de especiación humana. Se trataría, según los genetistas que ha estudian, de una reestructuración fuerte y drástica (un “salto”, y no una acumulación gradual de mutaciones en una población), que posibilitaría un monogenismo desde un solo hombre. La ciencia quizás acabe aportando nuevos datos en esta línea de investigación. Entre tanto, sigue prevaleciendo entre los científicos el prejuicio neodarwinista, que ofrece la hipótesis poblacionista como único modelo de especiación.

Amplitud de miras

La datación realizada por el equipo de Underhill tuvo una buena acogida por parte de quienes interpretan el relato bíblico del Génesis como una mezcla de mitos y leyendas de los pueblos orientales primitivos. No obstante, los autores de dicha investigación se muestran mucho más cautos en sus apreciaciones que quienes suelen comentar sus resultados. Así, Peter Oefner, uno de los investigadores del equipo de Stanford, ofreció esta explicación: "Hace 59.000 años, un solo cromosoma Y empezó a predominar...Todos los demás cromosomas Y que venían de los tiempos de Eva, 84.000 años antes, se acabaron perdiendo. La razón de esto podría ser la selección sexual, es decir, que las mujeres preferían sistemáticamente a un tipo de hombres que tendían a llevar el nuevo cromosoma. O quizá esos hombres tenían alguna ventaja selectiva en la caza o en la lucha". Los autores de la investigación se cuidan muy mucho de no mencionar a los personajes bíblicos, limitándose a exponer un trabajo desarrollado a lo largo de trece años; un trabajo que, en resumidas cuentas, permite inferir que la especie humana actual nació en África oriental hace unos 143.000 años y que 84.000 años después se impuso un nuevo tipo de varón.

Los estudios basados en el análisis del ADN dejan abierto un margen de posibilidades muy amplio, principalmente en el aspecto temporal. Ya se comentó esa circunstancia en relación con el ADNmt. Por lo que respecta a los marcadores del cromosoma Y, si bien la antigüedad media estimada para Adán cromosoma Y es de 59.000 años, en realidad dejan abierta la posibilidad de que esos posibles ancestros tuviesen una antigüedad de casi 90.000 años, lo que muestra ya una mayor proximidad con las estimaciones de edad hechas para Eva mitocondrial.

Los datos genéticos parecen confirmar, en fin, que el lugar de origen de los humanos modernos, hace unos 100.000 años, es África, y más concretamente el Este del continente. Otras investigaciones han señalado incluso a los bosquimanos Kung y a los pigmeos de Biaka, como las poblaciones actuales ligadas a los linajes humanos más antiguos. En todo caso, no parece que existan razones científicas para poner en duda el relato bíblico que narra la creación por parte de Dios del primer hombre y de la primera mujer, ni la historia de su descendencia. Quienes así lo hacen, quizás pierden de vista que la Biblia no pretende dar nociones científicas. Sí nos da, sorprendentemente, el sentido y significado de lo que sabemos por las ciencias empíricas. En este sentido, resulta reveladora, y a la vez sugerente, la lectura de las primeras páginas del Génesis, donde se recoge una historia asombrosamente armónica con los datos que aportan las investigaciones provenientes de la biología molecular y de la genética.





Unidad genética y lingüística

Entre los argumentos favorables al modelo de dispersión africano, cabe destacar la correlación que se ha observado entre distribución de genes y de lenguas en el árbol filogenético de las etnias humanas. En este sentido, es de obligada mención el estudio realizado en 1988 por Cavalli-Sforza , al cual se debe la primera síntesis de las bases teóricas de la genética de poblaciones actual y el primer intento de elaborar una historia de diferenciación entre los grupos étnicos humanos.

Posteriores investigaciones de este y otros científicos, muestran la confluencia de todas las etnias actuales, hace algo más de 100.000 años, en una única población africana. Una conclusión coincidente en líneas generales con los resultados obtenidos en 1995 por la doctora Johanna Nicols (Universidad de California en Berkeley), según los cuales existe una clara superposición de los parentescos lingüístico y genético entre las diversas poblaciones humanas actuales.

Según estos científicos, las 5000 lenguas actualmente existentes en el mundo tienen su origen más remoto en una protolengua que existió hace unos 100.000 años en el Este de África, o quizás en Oriente Medio. De hecho, Cavalli-Sforza va todavía más lejos en sus conclusiones: la clave del éxito en la expansión del hombre moderno se encuentra, según este investigador, en el lenguaje y no tanto en el desarrollo de las tecnologías, como se ha venido insistiendo durante mucho tiempo.

La idea de que el arte es posterior al lenguaje y que “somos lo que somos, porque hablamos” es, en efecto, una de las tesis más novedosas defendidas por Cavalli-Sforza, quien ha sugerido la idea de que, para comprender el hombre moderno, es más importante el lenguaje que las industrias líticas. La apuesta parece gratuita, pues de hecho no sabemos prácticamente nada acerca de esa supuesta lengua ancestral; los análisis lingüísticos, en efecto, sólo permiten retroceder hasta hace unos pocos miles de años. En todo caso, la correlación que se observa entre los genes y las lenguas actuales podría explicar, entre otras cosas, el hecho de que todos los Homo sapiens, y sólo ellos, llegasen a tener un dominio del lenguaje.

Un diseño con diseñador

En otro orden de cosas, hoy más que nunca se puede afirmar que las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años indican, y cada vez con más contundencia, que la presunta oposición entre evolución y acción divina carece de fundamento. Sorprende, en este sentido, que algunos de los más destacados biólogos moleculares no tengan reparo en declararse entusiastas defensores del diálogo entre ciencia y religión, y reconozcan abiertamente que la evolución y la acción divina son compatibles. Uno de ellos, Francisco Ayala, refiriéndose a la creación a partir de la nada, afirma que “es una noción que, por su propia naturaleza, queda y siempre quedará fuera del ámbito de la ciencia”. Así mismo, admite que “otras nociones que están fuera del ámbito de la ciencia son la existencia de Dios y de los espíritus, y cualquier actividad y proceso definido como estrictamente inmaterial” .

En sus escritos más recientes, Ayala recoge también algunas ideas estrictamente teológicas: “la existencia y la creación divinas —dice Ayala— son compatibles con la evolución y otros procesos naturales. La solución reside en aceptar la idea de que Dios opera a través de causas intermedias... La evolución también puede ser considerada como un proceso natural a través del cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo con su plan” . Son ideas cuando menos sorprendentes, si se tiene en cuenta que han sido escritas por uno de los más destacados representantes del neodarwinismo actual, convencido defensor del poligenismo.

Ideas, en todo caso, que recuerdan también de manera muy significativa estas otras de Juan Pablo II: “desde el punto de vista de la doctrina de la fe, no se ven dificultades para explicar el origen del hombre, en cuanto cuerpo, mediante la hipótesis del evolucionismo. Es preciso, sin embargo, añadir que la hipótesis propone solamente una probabilidad, no una certeza científica. En cambio, la doctrina de la fe afirma de modo invariable que el alma espiritual del hombre es creada directamente por Dios. O sea, es posible, según la hipótesis mencionada, que el cuerpo humano, siguiendo el orden impreso por el Creador en las energías de la vida, haya sido preparado gradualmente en las formas de seres vivientes antecedentes. Pero el alma humana, de la cual depende en definitiva la humanidad del hombre, siendo espiritual, no puede haber emergido de la materia” .

Con todo, la aparición en el escenario evolutivo de nuestros ancestros sigue envuelta en el misterio. Cierto es que las investigaciones genéticas parecen estar a punto de despejar algunas de las grandes incógnitas en relación con nuestros orígenes. Pero eso no significa que los científicos tengan en relación con estas cuestiones la última palabra. La ciencia puede ser de mucha ayuda para saber qué ocurrió, pero sólo por medio del razonamiento filosófico y teológico se pueden dar respuestas a otras preguntas que nunca podrán responderse a través de la ciencia experimental, como por ejemplo: ¿por qué ocurrió?, ¿quién lo planeó y llevó a término?, ¿por qué lo hizo?.

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Re: Adan y Eva existieron?

Mensaje  AlvarCalienes el Miér 14 Sep - 14:07

Lo que yo entiendo del tema es que si Adan y Eva existieron puede ser discutible, pero el hecho que se refleja en el Genesis es que Dios nos creo diferentes a todas las demas criaturas vivientes y nos otorgo voluntad y discernimiento moral, que son su imagen y semejanza, y que a la vez tenemos la tendencia al pecado por la caida que produjo el pecado original.

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Eso y un poco mas...

Mensaje  juanchodedios el Jue 15 Sep - 0:07

AlvarCalienes escribió:Lo que yo entiendo del tema es que si Adan y Eva existieron puede ser discutible, pero el hecho que se refleja en el Genesis es que Dios nos creo diferentes a todas las demas criaturas vivientes y nos otorgo voluntad y discernimiento moral, que son su imagen y semejanza, y que a la vez tenemos la tendencia al pecado por la caida que produjo el pecado original.
...Eso y un poco mas....

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Re: Adan y Eva existieron?

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